Académicos (y la infaltable nota universitaria), por Luis Barragán



Luis Barragán @LuisBarraganJ

Más allá de la crónica, quizá no haya un estudio pormenorizado del impacto y de la propia conformación de las academias nacionales a través del tiempo. La institución de origen decimonónico, añadida la Venezolana de la Lengua y su particular relación con la Real Academia de Madrid, ofrece pistas seguras de la Venezuela que ha entrado, o jura haberlo hecho, a su tercer siglo de existencia.

Interesará mucho la opinión del sociólogo y del sociólogo de la política, por ejemplo, respecto a la periódica reconfiguración de la instancia, la calidad del debate y de los debatientes, la profundidad de las investigaciones, la frecuencia de las publicaciones, como la influencia ejercida en la opinión pública en contraste y complementación con el medio estrictamente universitario. Son numerosos los maestros que injustamente no han ocupado sillón alguno en las academias, por citar un caso; o, ante una peculiar naturaleza jurídica, apenas la actual dictadura ha ensayado un aparato paralelo, como el Centro Nacional de Historia, ante la Academia Nacional de Historia que hasta hace poco tan bien la caracterizaba su director, Ildefonso Leal, curioseando y tomando notas en la hemeroteca.

Independientemente de las posturas políticas que sostengamos, en fecha reciente fue acordado el ingreso de Ramón Guillermo Aveledo y Gerardo Fernández a la Academia Nacional de Ciencias Políticas y Sociales. Representan dos generaciones distintas, aunque incuestionablemente contemporáneas al filo de un país que llega tarde a un siglo otrora prometedor.

De oficios y especialidades diferentes, pero – a la vez – próximos, esperamos con curiosidad los discursos correspondientes de incorporación. Sobre todo, porque – tarde o temprano – contribuirán a una propuesta constitucional alterna a la que estará obligada la Academia, en el proceso de reconstrucción de la República Civil y, cuidado, si de la República misma, después de la amarga y prolongada experiencia que todavía atravesamos.

Considerando que las academias tienen un mínimo soporte del presupuesto público, hoy, seguramente, precario, como ciudadanos, esperamos y apostamos por el éxito de una gestión que ha de significar un necesario redimensionamiento institucional. Por cierto, valga acotar, la Academia de Ciencias Políticas y Sociales está en deuda con un tributo público a la memoria de René de Sola, pues, aunque no compartamos algunas facetas de su herencia intelectual y hasta política, por lo demás, algo natural, resulta oportuno y también comportará un acto de urgida pedagogía, que le reconozcan sus posturas en relación a la reclamación histórica del Esequibo, como – así – modestamente lo propusimos e hicimos en la Asamblea Nacional, por febrero del presente año.

LA INFALTABLE NOTA UNIVERSITARIA

Todo el país está indignado ante el atropello vil a la universidad y a su necesaria autonomía, propinado por la dictadura. Averiguación penal por delante, a través de su artefacto judicial (Sala Electoral / TSJ), ha desconocido el limpio resultado de las elecciones estudiantiles de la Universidad de Carabobo que intentó sabotear por la indecible vía de la violencia, desatando una cacería de brujas de los jóvenes dirigentes.

Antes, lo había intentado en la Universidad Central de Venezuela, la que, en legítima y pacífica desobediencia ciudadana, realizó sus elecciones, sin que funcionario alguno del Estado se atreviera a dar un paso tan osado para el sabotaje, pero – ahora – lo ha capitaneado temerariamente el gobernador carabobeño, él mismo, producto de un fraude en las regionales que se hicieron después de la consulta popular del 16 de julio de 2017, la misma que desautorizó a concurrir a las fuerzas opositoras. Por ello, la larga prédica y la persistente propuesta de un Proyecto de Ley de la Autonomía Universitaria, planteada por la Fracción Parlamentaria del 16 de Julio, apuntando a una movilización de los sectores de la educación superior que constituyen una de las pocas fuerzas sociales realmente articuladas de alcance nacional de la Venezuela que se resiste al caos decretado por el socialismo de las demoliciones.

Valga la acotación, no por casualidad es el contexto ineludible que destaca en la incorporación de los nuevos individuos de número de a Academia de Ciencias Políticas y Sociales, hechura de nuestras universidades pública y privada. Ambos actos de incorporación deben dar cuenta no sólo de la irritación sentida ante el atropello, sino del compromiso decidido por la suerte de una institución que, desde siempre, se ha erigido en una amenaza ante cualquier propósito y evento totalitario.



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