Bailar San Pedro toda una vida para pagar una promesa



Los cultores Pablo Núñez, de Guarenas, y Francisco “Quico” Aponte, de Guatire, aman y respetan la Parranda de San Pedro Apóstol y son devotos del santo, por milagroso y herencia familiar.

Francisco Aponte

Durante 66 años se han mantenido dentro de la tradición desde aquel 29 de junio de 1953, cuando encarnaron a los “Tucusitos”, personajes que acompañan a la esclava María Ignacia, figura central de la manifestación.

Hacia la primera mitad del siglo XX la gente veía con curiosidad y distancia esta manifestación de calle, declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por Unesco en 2013.

Por una locha. Francisco Aponte, de 73 años, integran la Parranda de San Pedro del Centro de Educación Artística Andrés Eloy Blanco, CEA, en Guatire. Cuenta que en los años 30, los parranderos como su papá Augusto Chacoa, y José María Aponte, entre otros, cantaban en Guatire, Guarenas y Caucagua, donde pedían medios y lochas para pagar la misa del 29.

Aponte entró a la Parranda de Celestino Alzur a los 7 años. Recordó que el día antes de la celebración un perro lo mordió en una pierna, y pidió al santo que le permitiera parrandear y al día siguiente no sintió dolores, aunque zapateó hasta la noche.

Este patrimonio viviente de Miranda y Zamora señaló que en esos días vestían de franela blanca, pantalón de caqui y alpargatas de suela de cuero y tiznaban sus rostros con. Justo “Pico” Tovar, que tenía su parranda, era el único que usaba paltó levita y sombrero pumpá.

Aponte fue “Coticero”, bailador que ata piezas de cuero a los pies para hacerlas sonar, y luego cuatrista en los largos recorridos hasta medianoche. Ahora, por la edad y su estado de salud deberá reducir su participación.

“Yo siento el San Pedro como parte de mí, es una herencia familiar. El parrandero nace, no se hace porque no son fáciles el canto, la improvisación y el baile. Yo soy celoso con el ritmo y los pasos porque hay que mantener la tradición como es”, declaró.

Desde Guatire. Pablo Núñez, jefe de la Parranda de San Pedro de Guatire, de 72, confesó que su papá Antonio, acostumbraba cantar los versos alusivos al patrono para dormirlo a él y a sus hermanos, Erasmo y Juan.

“Como parrandero me gustaba el baile y hacer coro, no quería ser solista. Cuando mi papá tenía 79 años estábamos frente a la Catedral Nuestra Señora de Copacabana esperando el pago de promesa. Sonaban cuatros y maracas, le dije: ‘Cante, pues’, pero él me respondió: ‘Empieza tú que eres el jefe de la parranda’ y tuve que hacerlo”, expresó quien se convirtió de pronto en el guía de la manifestación en 1980.

Núñez marca diferencias entre las manifestaciones de Guatire y Guarenas. En su pueblo, el ritmo es más recio y rápido; además, el 29 de junio no parrandean con la imagen del primer papa del mundo, sino que la llevan en procesión alrededor de la Plaza Bolívar porque es muy grande.

Pablo Nuñez

Aseguró Pablo Núñez que esta es la misma figura que se encontraba en la capilla de la antigua Hacienda San Pedro, que se presume es la misma a la que la esclava María Ignacia pagó la promesa cuando el santo curó a su hija Rosa Ignacia.

La familia Núñez está muy identificada con la manifestación, los varones parrandean y las mujeres colaboran. Ahora el cultor considera la posibilidad de legar la jefatura de la parranda a uno de sus hijos, Fernando, Pablo o Gabriel.

“Como todos estamos involucrados dicen que esta es la parranda de los Núñez, pero no es así, es de Guarenas. La llevamos la familia Núñez porque sentimos la necesidad de preservar esta tradición.

Porque a un familiar le duele más el difunto que a un extraño”, expresó este patrimonio viviente de Plaza y Miranda.

Claves de la parranda

La parranda es oriunda de Guarenas y Guatire y no existe otra igual en todo el mundo.

El sampedreño Miguel Alciro Berroterán, coordinador del Centro de Educación Artística Andrés Eloy Blanco, CEA, integra la Red del Patrimonio y Diversidad Cultural de Miranda.

Considera dos momentos de esta tradición. Antes y después de Justo “Pico” Tovar, cultor vivió en la época difícil de la dictadura, cuando la gente cerraba la puerta a los parranderos por considerarlos unos borrachos y limosneros.

Tovar murió en 1965. Casi en los 70 un grupo de guatireños entregaron la parranda al profesor Francisco Mujica Toro, fundador de la institución, para que la preservara, impusiera normas, la organizara, defendiera, proyectara y la diera
a conocer.



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