Bailarín Fernando Montaño se presenta en el teatro Colsubsidio de Bogotá – Arte y Teatro – Cultura




Hay que hacer varias cosas al tiempo y todas requieren actitud total: estómago escondido, así como las nalgas; los brazos un poco en arco y los dedos pulgares tocando los del corazón; las piernas a veces flexionadas y los pies en punta o como si estuvieran arrastrando el suelo, pero de manera elegante.

Luego, sí, llegan los pasos, pero antes hay que mirar al frente, con la cabeza un poco en alto.“Que la fuerza vaya hacia arriba y hacia abajo”, repite Fernando Montaño, el bailarín colombiano del Royal Ballet, que estará desde este jueves y hasta el 3 de agosto en el teatro Colsubsidio con compañeros del grupo londinense.

Sus manos tocan la barra con la delicadeza de un bailarín clásico, y el cuerpo fuerte, que parece esculpido de tanto ballet desde su niñez,
parece volar con suavidad por el escenario. Va dando algunas indicaciones sin dejar de sonreír.

Llegó a Colombia el sábado pasado y después de estas presentaciones y algunos compromisos, tomará unos días de vacaciones que dice necesitar.

Ha hecho un largo camino en el ballet y desde hace unos cinco años está mucho más ligado a Colombia, país que dejó cuando tenía 14 años para ir a Cuba, a estudiar. De ahí pasó a Italia y, posteriormente, al Reino Unido, así que venir al país significaba llegar a Cali o a Buenaventura, donde nació, para estar con su familia unos días, nutrirse un poco de su territorio y regresar.

Y en la fría tarde bogotana del lunes pasado, cuando enseñó durante media hora un poco de su arte, recordó su primera clase: “Fue con la maestra Amalia Romero, en el Conservatorio de Cali. Me veo sentado en el piso con algo de ansiedad, haciendo ejercicios con los pies”.

Desde entonces han pasado muchos momentos y montajes, muchos escenarios, muchos sacrificios, y dice que el paso más difícil “a veces es girar, por el control muscular que hay que tener”.

El recién nombrado señor de las artes por la Universidad de Bath, del Reino Unido, que le otorgó el título de doctor honoris causa por su “contribución e impecable trabajo en el ballet”, también reconoció su compromiso con las causas benéficas, entre ellas con los niños más necesitados de su natal Buenaventura, y su defensa del medioambiente.

Toda la disciplina que ha adquirido en el ballet la está llevando a otros espacios. “Debería haber Incolballet en otras ciudades colombianas”, dice, recordando una de las escuelas en las que se formó, que queda en Cali. Además, cuenta que su libro, Una buena ventura, será traducido al inglés, y que vienen otras campañas en camino.

Todos nos equivocamos, hay grandes shows y grandes caos, y cuando se está frente a maestros los nervios pueden traicionarnos

Montaño ha superado el dolor de los pasos y de tantos años de aprendizaje perfeccionando su arte, pero sigue ensayando todos los días de su vida porque esa es la savia que lo impulsa. E insiste en crear una escuela de artes en Buenaventura, porque está convencido de que hay un gran talento aquí.

Si cumple este sueño, seguramente estará muchas veces ahí para guiar en el camino. “Todos nos equivocamos, hay grandes shows y grandes caos, y cuando se está frente a maestros los nervios pueden traicionarnos”, dice con experiencia.

Antes de irse a buscar a un grupo de sus amigos bailarines que estaban por llegar, contó que cuando Egan Bernal, otro titán que formó su cuerpo y su mente a punta de pedalazos, ganó el Tour de Francia, bailó “de la felicidad” y hay derecho a imaginarse que fue un gran baile el de este hombre que nos sigue trayendo la buena ventura de su danza.

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