Crítica de la película colombiana Los días de la ballena – Cine y Tv – Cultura




Uno de los retos más grandes del cine es tratar de capturar la idiosincracia de cada nueva generación de jóvenes que puebla las ciudades. Aunque en Colombia no hay una producción tan amplia como para seguir el pulso de la transformación juvenil, algo se alcanza a ver. Por ejemplo, la desesperación de ‘Rodrigo D, no futuro’ dio paso al nihilismo de ‘Apocalipsur’, y derivó posteriormente en la cultura del hip hop y los grafiteros que captó Oscar Navia en ‘Los hongos’.

Esa cultura constituye el universo de ‘Los días de la ballena’, que cuenta la historia de amor de dos grafiteros en un entorno hostil marcado por el control territorial de las pandillas en Medellín. El mundo de esta generación tiene rasgos peculiares: el amor no se construye con cariñitos sino con una indiferencia rayana en la hostilidad, las amenazas de los violentos no son explícitas sino que se ciernen como nubes grises cada esquina, y el futuro a veces parece tan estancado como una ballena atascada en el río Medellín.

‘Los días de la ballena’ retrata con éxito los dilemas de una generación que quiere vivir sin miedo pero no lo logra, y que busca su camino en un mundo marcado por el arte. Funciona muy bien el universo construido con una buena banda sonora, una entrañable casa de la cultura y el rol narrativo central que se le da al grafiti en el cinta.

En cambio, el desarrollo del romance y el peligro que acecha nunca llegan a ser verosímiles, tal vez porque los personajes masculinos de la cinta son tan planos y unidimensionales que no producen ni frío ni calor.

Mauricio Reina
Crítico de cine
@ReinaMauricio

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