El ‘fasting’ o ayuno intermitente, ¿sirve para adelgazar?




Imagen de un plato vacío con una cuchara.
GTRES

Con el gran porcentaje de obesidad y sobrepeso que existe en el mundo occidental, es normal que cada cierto tiempo surja alguna ‘dieta milagro’ o tipo de alimentación con la que sus defensores nos aseguran que perderemos esos kilos de más con poco esfuerzo.

Esto está pasando desde hace unos con el conocido ayuno intermitente o fasting, una forma de alimentarse con la que se asegura que se pierden los kilos de más a la vez que ganamos en salud.

En qué consiste el ayuno intermitente

El ayuno es un periodo de tiempo en el que no comemos, y eso es precisamente el ayuno intermitente, es decir, dejar de comer durante un determinado de tiempo, generalmente algunas horas al día, y el resto no comer nada. Aunque hay muchas formas de hacerlo, una de las más comunes es el del 16:8, es decir, no comer durante 16 horas al día y concentrar 2 o 3 comidas durante las ocho horas restantes. Otras variantes son la 5:2, limitar sensiblemente las calorías durante dos días alternos a lo largo de la semana o lo que se conoce como la dieta del guerrero, no comer durante 20 horas. Durante el ayuno, si el hambre aprieta, se puede beber agua o tomar cafés e infusiones

Si lo pensamos bien, el ayuno no es nada nuevo, pues es algo que hacemos a diario entre la cena y el desayuno, cuando trascurren al menos 10 horas. Este tipo de alimentación consistiría en prolongar un poco más estas horas de ayuno no comiendo nada, por ejemplo, desde las 8 de la tarde hasta las 12 de la mañana. También es algo parecido a lo que hacen los musulmanes durante el Ramadán y los antiguos griegos ya lo practicaban para, según decían, mejorar sus capacidades cognitivas.

Qué beneficios tiene

El primero de ellos es la pérdida de peso, y desde el punto de vista metabólico tiene una explicación. Seis horas después de comer, nuestro cuerpo empieza a acumular energía para para sus necesidades más inmediatas. Después de esas seis horas, usa la energía acumulada en el hígado y, tras 12 horas sin comer, con el nivel de insulina muy bajo, es más fácil quemar grasa. Cuando volvemos a comer el cuerpo transformará lo que comas en glucógeno y no en grasa, no la acumulará.

Esta pérdida, e incluso la dificultad para volver a acumular grasa, estás bastante probada. Sin embargo, de poco servirán esas horas de ayuno si, durante las horas que podemos comer, nos atiborramos a grasa saturadas y azúcares. Por tanto, además de controlar cuándo comemos, hay que vigilar lo que comemos y, como en cualquier dieta que pretenda ser sana, evitar alimentos poco saludables.

Aunque aún se están estudiando y no están probados científicamente, entre otros beneficios que sus defensores aseguran que tiene el ayuno intermitente están:

  • Ayuda a desarrollar los músculos gracias a que estimula la hormona del crecimiento.
  • Evita el desarrollo de la diabetes tipo 2, la hipertensión y el colesterol.
  • Ralentiza el envejecimiento, al reducir el estrés y los procesos oxidativos.
  • Mejora la concentración y las funciones cognitivas

Otra virtud menos tangible que las personas que practican el fasting asegura que tiene es que aprenden a controlarse con la comida y a no darse atracones y que incluso cuando no lo practican ingieren menos calorías.

Precauciones. ¿Puede hacerla todo el mundo?

Si se hace bien, esta dieta no tiene por qué ser peligrosa. Sin embargo, antes de empezar a practicarla se recomienda el asesoramiento de un nutricionista, pues el ayuno siempre debe estar integrado dentro de una dieta sana y equilibrada (rica en frutas y verduras, cereales integrales, legumbres, grasas saludables, frutos secos…) y libre de alimentos superfluos, como azúcares libres, grasas saturadas, procesados…

Además, está contraindicada en los siguientes casos:

  • Personas que tengan o hayan tenido trastornos alimenticios.
  • Mujeres con menos de 18,5 de IMC.
  • Mujeres embarazadas, en periodo de lactancia o que busquen un embarazo.
  • En caso de padecer migrañas o ansiedad.
  • Las personas con diabetes o ácido úrico.
  • Si te toma medicación o se es un enfermo crónico. En este caso, siempre hay que consultar al médico primero.

Como cualquier tema controvertido, tiene sus detractores y sus defensores. El nutricionista Carlos Ríos, en su libro Come Comida Real, asegura que “nuestro cuerpo está bien adaptado al ayuno, ya que hemos pasado gran parte de la evolución buscando alimentos con el estómago vacío. (…) Este ayuno intermitente puede estar involucrado en la reparación de ADN y las células del cuerpo, aumentando la longevidad según reciente investigaciones. No obstante, no es necesario estar ayunando para mantenerse saludable”, afirma.

Otro gran nutricionista, Julio Basulto, no es nada partidario de este método, ya no solo porque sus beneficios a largo plazo aún no están probados sino porque, como asegura en sus RRSS, “dejar de comer no educa para aprender a comer y puede acercar a personas vulnerables a algún trastorno de la conducta alimentaria”.

Y es que, solo unos buenos hábitos alimenticios y una vida activa mantenidos en el tiempo son la ‘fórmula milagrosa’ para mantenernos saludables y sin kilos de más.



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