El valor de trabajar en lo público




Fíjate, me dijo; que estos días vino una señora para una consulta médica y mientras esperaba, le escuché las quejas que hizo en voz alta sobre la situación del país: que si el problema de la luz, que si el precio de los pasajes y pare de contar. Remató preguntando ¿cómo hacen para vivir los que trabajan en la administración pública con el salario que les pagan? Sin esperar respuesta se dijo: yo en su lugar ya me hubiera ido a la empresa privada que paga más.

Él, que la escuchaba, se sintió indignado, no porque le recordará que gana poco menos de cuatro dólares mensuales, sino porque en el fondo desconocía el valor de su trabajo. Así que le respondió lapidariamente, “Mire, señora, si todos los que trabajamos aquí nos hubiéramos ido, aquí no habría nadie que la atendiera con su enfermedad ocupacional”. Luego solo quedó el silencio.

Esta experiencia se la escuche a un compañero de la oficina, cuyo trabajo es de vigilante; a propósito de una conversación que tuvimos una tarde de estas, cuando le comenté que iniciaba un estudio sobre salarios e ingresos de los trabajadores en la empresa privada.

La respuesta de mi compañero pone en relieve un asunto muy importante sobre los que trabajamos en el Estado, es decir: el valor de trabajar en lo público, interpretado de dos formas: como el coraje o como el resultante del trabajo.
Diariamente millones de estudiantes van a sus escuelas, liceos y universidades públicas y allí son atendidos por sus educadores, bedeles y personal administrativo. Otros van a los hospitales o ambulatorios y son atendidos por el personal de salud. Así podemos citar una larga lista de servicios públicos.

Ciertamente usted se puede encontrar con una mala cara o uno que le pida plata por un trámite o para facilitarle las cosas, pero ¿esos son la mayoría? ¡Creo que no! La mayoría son los que cada mañana se levantan, algunos caminan hoy kilómetros para llegar al trabajo y aun así llegan con la mejor disposición para hacer su trabajo. Son olvidados rápidamente porque no hacen escándalo.

Quizá haga falta que quienes trabajamos en lo público nos quedemos un día en casa, para recordar a la sociedad que hay un valor en el trabajo y para recordar a quienes administran lo público que también somos sujetos de derecho del artículo 91 de la Carta Magna, que establece el “derecho a un salario suficiente” que permita “vivir con dignidad y cubrir para sí y su familia las necesidades básicas materiales, sociales e intelectuales”.



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