El violinista Ray Chen, invitado al Festival de Música Clásica de Bogotá – Música y Libros – Cultura




El violinista Ray Chen sale todas las noches al escenario con un tesoro aprisionado entre su barbilla y su hombro izquierdo. Es un instrumento con más de tres siglos de historia que fue creado en 1715 por el italiano Antonio Stradivari, el lutier más legendario de la historia, quien construyó cerca de 1.000 violines, venerados por la belleza de sus diseños y la calidad de los sonidos que producen. El Stradivarius de Chen es un préstamo de la Nippon Music Foundation y perteneció al violinista húngaro Joseph Joachim.

“Es un gran honor… Joseph Joachim fue amigo personal de muchos grandes compositores como Brahms, Schumann y Bruch. De hecho, estos tres compositores le dedicaron sus conciertos de violín a este hombre. Es realmente increíble que ahora pueda interpretarlo y escuchar los mismos sonidos que Brahms escuchó con este instrumento”, cuenta Chen en entrevista telefónica desde Londres

Entonces, Chen acaricia cada noche, con su arco, las cuerdas de este instrumento legendario, reproduciendo las composiciones de Tchaikovsky, Beethoven, Shostakovich y Mendelssohn, entre otras figuras, y enfatizando las notas musicales con la expresividad de su mirada y la elegancia de sus movimientos.

De todas esas piezas que interpreta con su instrumento a lo largo de sus interminables giras, tal vez su favorita sea el ‘Concierto para violín en re mayor Op. 77’, que fue compuesto por Brahms. El músico alemán, uno de los principales exponentes del romanticismo germano, le dedicó esta pieza a su estimado amigo Joseph Joachim, quien la estrenó en 1879.

Ahora, esta composición trae por primera vez a Chen a Bogotá, para participar en el Festival Internacional de Música Clásica de Bogotá, que comienza hoy y estará dedicado a cuatro compositores del romanticismo germano: Robert y Clara Schumann, Franz Schubert y el propio Johannes Brahms.

Chen, de origen taiwanés, interpretará dos piezas de Brahms: el famoso concierto que le dedicó a Joachim y el ‘Doble concierto en la menor Op. 102’, junto al chelista alemán Jan Vogler. Para ambas interpretaciones, estará acompañado de la Orquesta Sinfónica de Amberes (Bélgica), bajo la batuta del director estadounidense Robert Treviño.

La relación del violinista con esta pieza de Brahms viene de hace unos doce años, cuando empezó a estudiarla. Chen enfatiza en que desde entonces entendió que esta era una pieza que se debía asumir con un enfoque diferente a otros conciertos de violín creados por compositores como Tchaikovsky, Bruch y Mendelssohn.

El mismo Brahms era muy honesto, muy veraz con la música, y eso se puede oír y es muy poderoso

Para lograr entrar en esa partitura tenía que deshacerse de todos esos “malos hábitos” que tenía cuando empezaba a tocar una nueva pieza. En conclusión, su idea era que tenía que enfrentarlo como un intérprete más experimentado y “más viejo”, aunque solo tuviera 18 años.

“Lo que uno puede concluir es que se requiere de un sentido de madurez –explica Chen–; tienes que enfrentarlo de frente, este no es un concierto en el que puedas deambular en círculos, eso no sirve para Brahms. El mismo Brahms era muy honesto, muy veraz con la música, y eso se puede oír y es muy poderoso. Hay un sentido primordial y un poder visceral que está impreso en el concierto”.

Brahms entonces ha sido una presencia importante en la carrera del músico, pues cuando era estudiante interpretó durante muchos años sus sinfonías.

Chen trabajó por primera vez con la Sinfónica de Amberes hace diez años, cuando emprendió una gira con la agrupación después de ganar el Concurso Internacional de Música Reina Isabel de Bélgica, que se celebra desde 1937 en Bruselas.

Además de Bogotá, la sinfónica y el violinista se presentaron hace un par de semanas en Bélgica. Para Chen, durante esta década que ha pasado desde su debut con la agrupación belga, la orquesta ha desarrollado una nueva una nueva identidad, pues está compuesta por una nueva generación de músicos más jóvenes.

“Se siente como una orquesta que ha renacido y la manera como tocan a Brahms es una celebración musical; me siento muy feliz porque no todas las orquestas tienen tanto entusiasmo y pasión por la música. Algunas veces, cuando cada semana estás interpretando repertorios diferentes se puede volver muy viejo, muy rápido, pero no para orquesta. En este momento, contra mi impresión de hace diez años, es una orquesta totalmente diferente”, asegura.

Esa evolución de la orquesta también va de la mano con el crecimiento del músico, pues Chen enfatiza en que hace diez años era muy inexperimentado y apenas estaba empezando a salir en el circuito internacional. “Así que ahora es un diferente capítulo para la orquesta y para mí”, añade.

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Cuando tenía cuatro años, Ray Chen solía tocar y jugar con las guitarras de su casa. Un día decidió crear un nuevo instrumento, entonces se puso una guitarra bajo la barbilla y añadió a la ecuación un palito. Al ver esto, los padres de Chen decidieron regalarle un violín, y así empezó esta historia.

“También había un piano en la casa, pero no me gustaba mucho; puedes imaginártelo, para un niño de cuatro años un piano es inmenso, es como un monstruo, pero un violín crece contigo, te trae alegría y excitación y también se siente muy íntimo porque es de tu tamaño, está hecho a tu medida. A medida que creces cambias el instrumento por uno mayor, es excitante que tu instrumento crezca contigo”, recuerda el artista.

Aunque nació en Taipéi, Chen se crió en Australia y profundizó su formación en el prestigioso Curtis Institute of Music, en Filadelfia (Estados Unidos), donde recibió las enseñanzas del violinista estadounidense Aaron Rosand. Ese mestizaje de culturas ha sido crucial tanto para su vida personal como en su crecimiento musical, pues Chen considera que lo ha ayudado a convertirse en el artista que es hoy.

“Siento que para ser músico, uno tiene que entender las personas, debes ser empático, y para serlo debes tener una mente muy abierta; si te quedas en un solo lugar toda tu vida es muy difícil acceder a una mente abierta. Al ser un músico, un comunicador, tener la experiencia de vivir en diferentes lugares es extremadamente importante. Cada vez que te mueves de un lugar para otro, y vives ahí, algo pasa: pierdes todos los hábitos viejos, pierdes las cosas que creías que eran parte de ti pero realmente no lo eran, y ganas unas nuevas”.

Un violín crece contigo, te trae alegría y excitación y también se siente muy íntimo porque es de tu tamaño

Una de las primeras experiencias internacionales de Chen fue la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Invierno de 1998, que tivieron lugar en Nagano (Japón). Chen tenía entonces nueve años y estudiaba el método Zuzuki, enfocado en acelerar el aprendizaje de un instrumento musical; el gobierno japonés quería celebrar el legado del creador de aquel método, Shin’ichi Suzuki, e invitó a participar en la ceremonia a 500 niños de varios países en los que se aplicaba aquella técnica.

“Esa experiencia fue una de las razones por las que me quise convertir en un músico. Yo era uno de los representantes de Australia, fui con mi madre porque era muy joven, y nos quedamos en una casa de una familia japonesa, una familia local, con la que de hecho todavía estamos en contacto, todavía somos amigos. Fue conocer una nueva cultura, nueva comida, nuevas personas, conectarse con la gente y hacer amigos y, por supuesto, música. Fue tan poderosa que pensé: ‘Si esto es lo que significa ser un músico, entonces es lo que quiero hacer el resto de mi vida’ ”, afirma.

A medida que ha ido consolidando su presencia en el ecosistema de la música clásica, Chen también ha desarrollado una estrategia de posicionamiento en el mundo virtual. Sus perfiles de Instagram, Twitter y YouTube tienen miles de seguidores, y en ellos ha tratado de desarrollar un vínculo con sus fanáticos, mostrándoles los entresijos de su mundo, el lado B de lo que significa ser un músico clásico.

Es un comportamiento similar al de otras estrellas del circuito, como la soprano rusa Aida Garifullina, quien participó en la ceremonia de apertura del Mundial de Fútbol Rusia 2018 –en su perfil de Instagram supera los 700 mil seguidores– y la pianista ucraniana Valentina Lisitsa, quien se ha presentado en dos ocasiones en el Teatro Mayor de Bogotá y tiene millones de vistas en los videos de su canal de YouTube.

“Uno puede escoger y decidir si es o no importante, pero (las redes sociales) se han convertido en una gran parte de nuestra vida diaria. Creo que es una gran manera de volverse relevantes, para los artistas nuevos e incluso para artistas más experimentados, de permanecer relevantes. Es una gran manera de comunicarse con las audiencias directamente; antes no se podía hacer, ahora los puedes llevar a todas las partes a las que vas, y creo que eso es increíble. Eso añade a por qué somos músicos, porque queremos comunicar, tenemos ideas, emociones y sentimientos que compartir”, argumenta”.

En su canal de YouTube, por ejemplo, el violinista tiene una serie de tutoriales en los que da consejos para perfeccionar técnicas a la hora de interpretar el violín. Quien los vea puede conocer claves para alcanzar el vibrato de muñeca perfecta en el violín. Además, ha publicado varias masterclass en las cuales evalúa los videos que le envían los seguidores.

Para Chen, siempre ha habido dos tipos de músicos que se suben a un auditorio de conciertos. El primero es el famoso que con su gran nombre llega, toca y luego se va. Ese tipo de artistas, según Chen, generan entre los miembros de la audiencia la sensación de: “Guau, esa persona es como un Dios, intocable; nunca seré como él”. De otro lado, el segundo tipo de músico toca igual de bien, al mismo nivel, pero tiene una conexión especial con la audiencia, pues se presenta como un ser humano igual que sus espectadores, también se cansa, se enferma, tiene un sentido del humor y todas esas cosas.

“Con ese músico compartes similitudes y piensas: ‘Si esta persona se convirtió en eso a través del trabajo duro, tal vez yo pueda mejorar o convertirme en eso’. Yo siempre he querido ser el segundo tipo de músico. Para mí, hay más que ser un músico que simplemente interpreta algo, para mí es ser un embajador de la música y animar a los otros a soñar, a darle energía positiva a nuestro mundo de la música clásica”, comparte.

¿Dónde y cuándo?

Ray Chen y la Orquesta Sinfónica de Amberes se presentan en el Festival de Música Clásica mañana a las 8:30 p. m. y el sábado a las 2 p. m., junto al chelista alemán Jan Vogler. Teatro Mayor. Calle 170 n.° 67-51, Bogotá. Boletas desde 20.000 hasta 120.000 pesos.

YHONATAN LOAIZA GRISALES
Cultura y Entretenimiento
En Twitter: @YhoLoaiza





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