Entrevista con músico Muerdo durante su gira ‘Fin de la primera vida’ – Música y Libros – Cultura




El día en que Paskual Kantero –Muerdo– entró por esa puerta, se dio cuenta de lo tangible que podía llegar a ser su música. Había llegado con otros 19 artistas latinoamericanos a un lugar en el que asistían menores con traumas, problemas de drogadicción y víctimas de abuso en Medellín. El colectivo llevaba un tiempo viajando desde Ciudad Juárez, atravesando varios países, con el objetivo de llevar su arte a comunidades del continente. 

Algo similar a lo que había hecho Manu Chao en 1993, cuando viajó en un tren entre Santa Marta y Bogotá con artistas y músicos de distintas nacionalidades para llevar entretenimiento gratuito a municipios como Aracataca, Bosconia y La Dorada. Justo ese momento en el que vio los ojos de los niños mientras cantaba le permitió entender cómo sus sonidos y letras eclipsaron, por un momento, los oscuros recuerdos que invadían la mente de los pequeños.

“Muerdo sin el mensaje no es nada”, dice el cantante en una conversación con EL TIEMPO. Y basta con escuchar los primeros versos de algunas de sus canciones para entender que su inspiración es el amor a la vida. Este sentimiento lo descubrió en su infancia –en Murcia (España)– mientras escuchaba las melodías de cantautores como Atahualpa Yupanqui, Mercedes Sosa, Antonio Machín y Joan Manuel Serrat. Parte de ese primer acercamiento a la música fue con un piano de pared que estaba en su casa y que sus padres habían conservado. De ahí en adelante empezó a escribir y componer. En su adolescencia, ese hábito le sirvió para “sanar y encontrar un lugar en el mundo”.

Muerdo lleva una semana en Bogotá, donde hoy hará su última presentación (boletería agotada).

¿Qué tiene de diferente el público latino, que es tan apetecido por usted?

Tenemos ese instrumento maravilloso que es el castellano, que se habla en tantos lugares del mundo y permite llevar la música afuera de la península ibérica. Más allá de que tenga algo de diferente el público de un lugar a otro, sería absurdo no hacerlo y no expandir nuestra música en esos lugares donde se habla la misma lengua. He podido tocar varias veces aquí y me han recibido de la mejor manera: es un público que valora nuestro trabajo y escucha con más atención. Lo importante y lo común es ese uso del lenguaje y ese amor por ciertos valores que nosotros metemos en nuestra música.

¿Cómo se podría entender ese alter ego de Muerdo?

Muerdo es un proyecto artístico musical que nace en la intimidad del formato del cantautor y se va desarrollando en los últimos años hasta adquirir una perspectiva de banda, de música más instrumentada y ornamentada, cuya base principal es el mestizaje, la mezcla de ritmos folclóricos, actuales, urbanos, roqueros y otros. Es una mezcolanza de influencias sonoras que se meten en esa batidora que hemos creado. Tiene mucho también de implicación social y contenido poético.

¿Cuáles han sido sus influencias musicales?

La lista es bastante variada. Desde la trova tradicional, como puede ser Violeta Parra, Víctor Jara, Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina, hasta lo que puede ser ahora mismo la tendencia del trap, la música urbana, pasando por todo el rock de los 80, 90. Al igual que todo lo que tiene que ver con la música mestiza y nombres influyentes como Mane Ferret, Amparanoia, Ojos de Brujo, Los Fabulosos Cadillacs, Aterciopelados. Mi influencia está dada por mi amor a la música, al arte.

¿Cómo describiría ese sello musical?

De ninguna manera lo podría describir, pero el paraguas de la palabra mestizaje es el que mejor recoge todo lo que yo hago.

Dentro de estos ocho años de carrera musical ha colaborado con varios artistas, ¿por qué?

Al final es ampliar el público por todos lados. La música, en últimas, busca llegarle a varios sectores y tiene un carácter trascendental. Es la forma más natural de juntar sonidos, componer y mezclar.

¿Cómo crea sus canciones?

Mis canciones son el resultado de la manera en que ordeno mis ideas, mis percepciones, mi visión del mundo, de mí mismo y de mi propia percepción. En cierto momento de intimidad, me siento con mi guitarra, o mi instrumento, y empiezo a escribir, a ordenar esas ideas. Procuro que en ellas se refleje todo lo que siento.

La música, en últimas, busca llegarle a varios sectores y tiene un carácter trascendental. Es la forma más natural de juntar sonidos, componer y mezclar

Hay un fuerte sentido social en sus canciones, ¿por qué?

Hago canciones sobre los temas que vivo y que me preocupan, y que como ser humano merecen mi atención personal. Hoy puede ser que el tema sea el agua en Chile o mañana puede ser otro. Yo simplemente presto atención como individuo, como ciudadano, a ciertas cosas que luego se materializan en mis canciones, pero sin ninguna pretensión de hacer música revolucionaria, como varios han dicho de mi proyecto. No quiero que se me encasille en eso de lo contestatario. Yo hago música, sin más.

¿Cómo ve la industria musical actual?

La música tiene poder, y la industria de la música está ahí, como cualquier otra. Se va adaptando a nuevas tendencias y formas de producción. Cualquiera que haga música está inmerso en ella, lo quiera o no. Con que estés vendiendo una entrada en una sala para que te vean ya lo estás, por muy underground que quieras parecer. Yo no le tengo a la industria ningún recelo. Trabajo ahora mismo con una multinacional, antes trabajé de manera independiente, pero eso no me eximía de estar en la industria. Lo que pasa es que siempre se nos olvida que dentro de ella trabajan personas que sienten y que aman la música.

¿Cómo la música podría evitar o disuadir esos señalamientos?

Todo el rato estamos etiquetándonos, enfrentándonos y diciendo que este es de izquierda, de derecha o radical; que este es reguetonero, rapero, roquero, y eso se da gracias a cómo funciona el sistema. Todo está hecho para que todo el rato nos estemos confrontando y nunca lleguemos a entendernos. Ahí entra la función de la música como el lenguaje universal que nos conecta mientras nos movemos por las mismas emociones, no lo contrario. Vivimos en un mundo cada vez más polarizado y radicalizado, y es absurdo porque es lo que ciertos poderes fácticos, mediáticos, empresariales y políticos quieren que pase. La música ayuda a que se rompan esos estigmas y las sociedades se unan.

En medio de ese caos, un músico como usted se destaca porque busca inspirar sentimientos positivos…

Si todo el rato estamos en la rabia y la ira, no tendremos nada positivo. Si nos dedicásemos a dar mensajes más de consideración, de unidad, de respeto a lo diferente, podrían evitarse muchas situaciones negativas. La libre elección, como en la democracia, es maravillosa porque la gente puede decidir hacer lo que quiera o escuchar lo que quiera. En la teoría, debería ser respetado por el otro, pero ahora es diferente y se está perdiendo su sentido.

Si no hay amor propio, el amor que entregas al otro será falso y lo único que habrá será algo dependiente, condicionado y va a ser una cuestión de necesidad: Muerdo

Cuando se escucha Viento sur (2015) usted nos lleva a un viaje de reflexión interior, ¿hay una historia detrás?

Es el disco más conceptual que tengo y tiene un sentido más unitario entre las canciones. Es otro punto álgido de mi proceso creativo. La gente se ha conectado bastante con él, porque es un viaje, un camino en dirección a la esencia y lo íntimo, que puede explicarse desde la reflexión interna hasta el hecho de que trascienda la identidad de dónde venimos. La música debe expresar nuestro origen y ayudarnos a volver a lo más profundo. Es algo que a veces ignoramos por lo desconectados que estamos en la actualidad. La música da eso: el poder de trascender.

En ese álbum está Lejos de la ciudad, que habla de eso, de volver…

Esa canción identifica al pueblo de donde soy. Quienes la escuchan entienden el mensaje porque han vivido historias similares. A veces, la vida en la ciudad nos distrae de la tierra, de la esencia. Es una invitación a volver a nuestro origen y recordar nuestra identidad.

Dentro de los mensajes de sus canciones habla del amor propio, ¿por qué?

Si no hay amor propio, el amor que entregas al otro será falso y lo único que habrá será algo dependiente, condicionado y va a ser una cuestión de necesidad. Cuando sientes que eres capaz de amarte y ver a tu alrededor con seguridad, te das cuenta de cómo funciona la vida. El amor es lo único que perdura y es lo que mueve las cosas. Si nos movemos en esa onda y en esa búsqueda de amor propio, el mundo será un poco mejor.

DAVID ALEJANDRO LÓPEZ BERMÚDEZ
PORTAFOLIO​@lopez03david





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