Historia de una pareja que lleva 15 años juntas a pesar de estar casados con otras personas – Gente – Cultura




Tenía 19 cuando ingresé a una entidad financiera para hacer un reemplazo de cuatro meses como asistente. El trabajo era rutinario, pero de vez en cuando salíamos con mis compañeros de oficina a tomarnos unas cervezas. Era un plan tranquilo.

Cuando yo iba por la mitad del tiempo del reemplazo tuvimos otra salida, pero en esta ocurrió algo inesperado. Mi jefe, quien para entonces tenía 29 años, me confesó que se sentía muy atraído por mí.

Fue algo inesperado. Él jamás me demostró algo o me insinúo alguna cosa. Todo fue muy raro. Estábamos tomando y en un momento sentí que su mano tomó la mía debajo de la mesa. Quedé paralizada. Apenas atiné a mirarlo y me dijo: ¿no te habías dado cuenta de lo mucho que me gustas?

Desde ese día empezamos a hablar y el sentimiento se volvió mutuo. La siguiente semana repetimos salida, pero esta vez solos. Fuimos a tomarnos unas cervezas cerca al Andino y al otro día fuimos a comer. A mí me agradaba también y me parecía extremo salir con él porque era mi jefe y porque yo tenía otra relación, dos cosas que al final no fueron impedimento para estar juntos. Un contundente beso sellaría el inicio de nuestra relación a escondidas.

Para ese entonces yo tenía un novio con quien llevaba 2 años y medio, y mi jefe estaba solo. De cara a la verdad, él siempre acepto mi noviazgo, siempre me dijo que no quería nada serio y así, con todo y mi relación, le parecía ideal.

Esa fue la forma en la que se inició esta relación candente, emocionante y muy pasional. Las reglas eran claras, o eso pensábamos: nos veíamos todos los días después del trabajo, y los fines de semana eran para mi novio.

Mi jefe fue enfático en que no le metiéramos a este aventura ni amor ni ningún sentimiento, y si soy sincera, para mí fue perfecto… hasta que él empezó a enamorarse. Puso la regla y la quebrantó.

Cuando ya llevábamos cinco meses decidió presentarme como su novia oficial y de un momento a otro ya había conocido a mis segundos suegros. A este punto yo ya lo quería y por tanto me interesaba saber cómo vivía, quiénes eran sus hermanos, cómo eran sus papás. No le vi problema a ir. De todas maneras, siempre le parecí muy niña a sus papás. Pero éramos felices. Casa vez que iba a su casa terminábamos en su habitación arrunchados. Era nuestro nido de amor.

A esta altura, él ya no era mi jefe. Hice el reemplazo en esa empresa, conseguí trabajo en otro, pero nuestro amor siguió.

La relación siguió tomando fuerza, se volvió estable y sí, ambos le metimos amor. Era inevitable. Cuando cumplimos un año, él ya empezó a mostrar incomodidad por mi ‘relación oficial’. Ahí empezaron los problemas.

Yo pensaba que sería un berrinche pasajero y que en unos días me buscaría, pero no fue así. El hombre se llenó de fuerzas y decidió dejarme del todo

Yo no iba a dejar a mi novio. Mejor dicho, no me sentía capaz. Yo apenas tenía 19, era inmadura. No creía que pudiera enfrentar a mi pareja y decirle que me había enamorado de otro. Preferí no hacerle daño y seguir con él. A él yo también lo quería. Además, mi exjefe empezó a hablar de matrimonio, de irnos a vivir juntos y eso me causó temor. Yo era muy joven para tomar decisiones como esas.

Ya cansado de esperar que yo tomara la decisión de terminar con mi noviazgo oficial, de ser el segundo y anhelar que tuviera una relación solo con él, mi exjefe decidió dar un paso al costado y terminó con todo.

Yo pensaba que sería un berrinche pasajero y que en unos días me buscaría, pero no fue así. El hombre se llenó de fuerzas y decidió dejarme del todo.

Ahí empezó mi tormento porque yo también me había enamorado. Lo extrañaba, aunque siempre dude si un hombre 10 años mayor que yo era lo que yo necesitaba.

No me aguanté y a los dos meses lo busqué al ver que no daba señales de vida. Pero había dejado pasar demasiado tiempo, él ya había tomado fuerzas, y me rechazó, me dijo que era demasiado tarde y que no había nada que hacer.

Así que empecé el tortuoso y lento camino de la tusa. Me costó lagrimas… muchas. En el medio, yo seguía con la relación con mi novio, a quien tenía que fingirle que estaba feliz y tranquila, pero el dolor lo llevaba por dentro. Sabía que había perdido a alguien muy especial.

Meses después, me enteré que mi jefe había iniciado una relación con una compañera de la especialización, y eso me dolió más, pero a ese punto tenía que aceptar que había perdido. Me resigné.

Empecé mis estudios universitarios de pregrado y eso me mantuvo “distraída”. Había tardado un poco porque hasta ese momento obtuve el cupo en la universidad que yo quería. Pero con eso también vino la fiesta y bebí hasta más no poder tratando de sacarlo de mi corazón. En muchas ocasiones, con tragos en la cabeza, lo llamé, le puse canciones y le dije que me perdonara, pero ahora era él el que andaba tranquilo con su nueva relación y no se inmutaba.

Por un tiempo la dinámica mía fue así: yo lo llamaba borracha y al otro día despertaba con el guayabo moral de haberlo buscado en ese estado .

Pasó un año y medio y terminé con mi novio. Tuve algunos problemas con su mamá y, la verdad, yo ya no lo quería. Nuestra relación se había tornado tormentosa.

Duré sola un año, pero el pasado se encargó de alcanzarme. Mi examante volvió.

Contactó a mi hermana, empezó a escribirle para llegar a mí y una noche terminé sentada en el computador escribiéndole y saludándolo. Aquí íbamos de nuevo, empezando a salir, pero esta vez con los papeles cambiados : yo me volví su amante mientras él seguía con su relación .

Por un tiempo la dinámica mía fue así: yo lo llamaba borracha y al otro día despertaba con el guayabo moral de haberlo buscado en ese estado

Creo que lo hizo para que yo sintiera en carne propia lo que él había tenido que vivir a mi lado. Ahora nos veíamos a escondidas de su novia y empezamos una relación muy pasional. Mejor dicho: solamente pasional. Ahí no pasaba a más.

Es evidente que siempre nos ha unido el sexo. En la cama somos bomba y nos entendemos a la perfección. Él conoce perfectamente todo lo que me gusta y yo sé hacerlo llegar a su punto máximo. Somos una mezcla peligrosa y eso selló nuestras almas, nuestros destinos, todo.

Duramos tres años así. ¡Tres años! Él con su novia de la especialización yo ahí detrás de él esperando, como antes él lo había hecho, a que tomara la decisión de dejar y poder, por fin, tener algo solo los dos.

Entonces conocí a un hombre espectacular y empezamos a salir. Ahí decidí alejarme completamente del fulano porque esta vez yo quería iniciar una relación con todas las de la ley.

Logramos estar lejos algunos meses, pero me volvió a llamar. Esa primera cita era, supuestamente, para tomarnos un café, pero el café terminó en una cama de motel haciendo lo que más nos gusta… Y aquí íbamos de nuevo. Cada quien con su pareja y siendo amantes otra vez. Nos veíamos esporádicamente y ya sabíamos para qué.

Llegamos a perdernos por meses y hasta años, pero siempre alguno de los dos era débil y llamaba al otro. La escena se repetía y, al final, pasaba lo de siempre.

Yo lo quería mucho, sentía todavía muchas cosas por él y sé que él por mí. No entiendo porque no fuimos capaces de darnos una oportunidad y de tener una relación normal estando solos. Estoy segura que hoy seríamos muy felices, pero no sucedió.

Me gradúe de la universidad y empezaron a cumplirse las etapas que se suponen deben pasar. Mi novio me propuso matrimonio, así que dije que sí. ¿Por qué lo hice? Porque mi novio era un era un hombre espectacular. Me decidí a amarlo y me resigné a perder mi exjefe.

Nos faltaron pantalones, ímpetu. En eso coincidimos ambos. Siempre pensábamos en no hacerle daño a terceros. Fuimos cobardes y esa es la razón por la que no estamos juntos hoy en día.

Entonces, me casé. Al cabo de un tiempo, él dejo a su novia y empezó otra relación con quien hoy es su esposa. Después de casados pensamos que habíamos podido darle punto final a nuestra historia. Ambos ya teníamos parejas muy estables, compromisos e hijos. Por un tiempo no tuvimos contacto y luego, esporádicamente, hablábamos por celular.

Pero las llamadas se convirtieron en salidas a almorzar para contarnos cómo iban nuestras vidas de casados. Los almuerzos eran más seguidos y con cogida de mano y abrazos prolongados. Cuando nos dimos cuenta ya volvíamos a estar en un motel amándonos de nuevo y saciando todo lo que solo él y yo necesitamos, deseamos y queremos del otro.

Nos faltaron pantalones, ímpetu. En eso coincidimos ambos. Siempre pensábamos en no hacerle daño a terceros. Fuimos cobardes y esa es la razón por la que no estamos juntos hoy en día

Desde hace cinco años nos vemos un par de veces al año. En algunas ocasiones solo almorzamos. En otras, eso incluye volver a amarnos, volver a terminar en una cama. Somos conscientes del riesgo de y lo peligroso que resulta tener algo ahora porque ya tenemos familia, pero hemos sido muy cautelosos.

Tenemos claro que ninguno va dejar su familia para poder intentar algo juntos. Ahora tenemos hijos y son nuestra prioridad y nos sentimos bien con nuestras parejas. Así que seguiremos este camino de la vida separados, aunque nos una el mismo cielo.

Ya es muy tarde para coger fuerzas y hacer las cosas diferentes. Ya veremos qué nos depara la vejez.

Lo más difícil es que es este amor es más racional, más inteligente y respetamos profundamente los espacios con la familia de cada uno. Nos une un sentimiento poderoso de amistad y admiración.

15 años han pasado y no hemos podido parar con esto.

Posdata de la autora: Si lees esta columna, es un homenaje anónimo por estos primeros 15 años en los que no he dejado de quererte.
“No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió” Joaquín Sabina. 

Anónimo*
*Por petición se protege el nombre de la autora.



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