Investigan la historia del cáncer “parásito” canino contagioso que se dispersó a través del mar




Perros callejeros
GEOFF GALLICE – Archivo

El ‘tumor venéreo transmisible canino’ es uno de los pocos casos de cáncer que de hecho son transmisibles de individuo a individuo. Afecta a los perros, y se contagia cuando las células vivas del tumor se transmiten de un animal a otro, algo que ocurre cuando algunas se desprenden del animal afectado inicialmente (por ejemplo, durante la cópula) y se implantan en el nuevo huésped, especialmente en heridas en las mucosas. La enfermedad generalmente se manifiesta como tumores genitales en perros domésticos machos y hembras.

Por si estas particularidades no fueran suficiente, hay algo más que hace especial a este tumor, y es su historia. En origen, apareció en un único perro, pero sobrevivió a la muerte del mismo gracias a la peculiaridad de ser transmisible; es por ello que su contenido genético no es el del perro huésped, sino el del perro original (alterado, eso sí, por las diversas mutaciones que ha ido sufriendo a lo largo de los milenios).

En la actualidad, puede encontrarse en poblaciones a lo largo de todo el mundo y constituye el linaje de cáncer más antiguo y prolífico conocido.

Investigando la historia del tumor

Un equipo internacional de investigadores, dirigido por científicos del Grupo de Cáncer Transmisible de la Universidad de Cambridge (Reino Unido), ha comparado las diferencias en los tumores tomados de 546 perros en todo el mundo para tratar de comprender cómo surgió la enfermedad y cómo se extendió por todo el mundo.

“Este tumor se ha extendido a casi todos los continentes, evolucionando a medida que se propaga -dice Adrián Baez-Ortega, estudiante de doctorado en el Grupo de Cáncer Transmisible, parte del Departamento de Medicina Veterinaria de Cambridge-. Los cambios en su ADN cuentan una historia de dónde ha estado y cuándo, casi como un diario de viaje histórico”.

Utilizando los datos, crearon un árbol filogenético, un tipo de árbol genealógico de las diferentes mutaciones en los tumores. Esto les permitió estimar que el cáncer surgió por primera vez entre 4.000 y 8.500 años atrás, muy probablemente en Asia o Europa. Todos los tumores modernos se remontan a un antepasado común de hace unos 1.900 años.

Los investigadores dicen que el cáncer se propagó por primera vez de Europa a las Américas hace unos 500 años, cuando los colonos europeos llegaron por primera vez al continente por mar. Casi todos los tumores encontrados hoy en América del Norte, Central y del Sur descienden de este evento de introducción única.

Desde las Américas, la enfermedad se extendió hasta África y de regreso al subcontinente indio, casi todos los lugares que eran, en ese momento, colonias europeas. Por ejemplo, el cáncer se ve en la Isla Reunión, ya que aquí fue donde los viajeros europeos se detendrían en el camino a la India. Toda esta evidencia sugiere que el tumor fue diseminado por perros transportados en naves marítimas.

Si bien los hallazgos relacionados con la propagación histórica de la enfermedad son interesantes, es la evolución del tumor lo que entusiasma particularmente a los investigadores.

Un catálogo de mutaciones

Los desarrollos recientes en la biología del cáncer han permitido a los científicos observar las mutaciones en el ADN tumoral e identificar firmas únicas dejadas por los carcinógenos. Esto les permite ver, por ejemplo, el daño que causa la luz ultravioleta (UV).

Usando estas técnicas, los investigadores identificaron firmas para cinco procesos biológicos diferentes que han dañado el tumor canino a lo largo de su historia. Cuatro de estos, incluida la exposición a la luz ultravioleta, son procesos conocidos que ya están relacionados con el cáncer humano. Sin embargo, uno de ellos, denominado ‘Firma A’, tiene una firma mutacional muy distintiva, diferente a cualquier vista anteriormente: causó mutaciones solo en el pasado lejano del tumor, hace varios miles de años, y nunca se ha visto desde entonces.

“Esto es realmente emocionante: nunca antes habíamos visto algo así como el patrón causado por este carcinógeno -dice la doctora Elizabeth Murchison, quien dirige el Grupo de Cáncer Transmisible de la Universidad de Cambridge-. Parece que el tumor estuvo expuesto a algo hace miles de años que causó cambios en su ADN por un período de tiempo prolongado y luego desapareció. Es un misterio lo que podría ser el carcinógeno. Quizás fue algo presente en el ambiente donde el cáncer primero surgió”.

Otro descubrimiento intrigante relacionado con la evolución de los tumores tiene que ver con la selección natural. Hay dos tipos principales de selección en la teoría evolutiva: positiva y negativa. La selección positiva es donde las mutaciones que proporcionan a un organismo una ventaja particular tienen más probabilidades de transmitirse de generación en generación; la negativa es donde las mutaciones que probablemente tengan un efecto nocivo tienen menos probabilidades de transmitirse. Esta selección tiende a ocurrir por medio de la reproducción sexual.

Cuando los investigadores analizaron los tumores, no encontraron evidencia de selección positiva o negativa. Esto implica que el tumor acumulará mutaciones cada vez más potencialmente dañinas con el tiempo, haciéndolo cada vez menos apto para su entorno.

Báez-Ortega explica que, “normalmente, los tumores caninos son cuerpos extraños, por lo que uno esperaría ver una batalla entre ellos y el sistema inmune del perro, lo que lleva a que solo los tumores más fuertes se transmitan con éxito. Pero no parece estar sucediendo aquí. Este ‘parásito’ del cáncer ha resultado notablemente exitoso en sobrevivir durante miles de años, pero se está deteriorando constantemente -añade-. Sugiere que sus días pueden estar contados, pero es probable que pasen decenas de miles de años antes de que desaparezca”.



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