La frontera norirlandesa invisible que bloquea el brexit – Europa – Internacional




El acuerdo para el divorcio entre la Unión Europea (UE) y el Reino Unido está casi redactado, pero la frontera norirlandesa bloquea el pacto.

Ni Londres ni Bruselas quieren que entre Irlanda e Irlanda del Norte vuelva a levantarse una frontera física, ni controles de pasaportes ni aduanas. Pero mantenerla abierta se convirtió en un rompecabezas que solo encontrará solución cuando el Gobierno británico ceda en sus líneas rojas.

Irlanda del Norte acabó con el terrorismo gracias a los Acuerdos del Viernes Santo de 1998, que preveían, entre otros puntos, que en el interior de la isla irlandesa no habría ninguna frontera física. Cuando se firmaron, hace 20 años, nadie contó con que el Reino Unido decidiría un día salirse de la UE, complicando el cumplimiento de aquella cláusula.

La UE no tiene fronteras internas, por lo que entre Irlanda e Irlanda del Norte (territorio británico), una franja de 500 kilómetros con decenas de pasos por carretera, se viaja sin ver frontera. La salida británica de la UE obligaría a crearla porque Irlanda seguiría en el mercado interior y en la unión aduanera del bloque, pero Irlanda del Norte saldría al ser territorio británico.

Levantar de nuevo esa frontera podría poner en peligro los acuerdos de paz que acabaron con el terrorismo y, además, sería un golpe durísimo para la economía norirlandesa, que depende más de Irlanda que del resto del Reino Unido.

Bruselas propone dos soluciones alternativas. La primera, que el Reino Unido siguiera en la unión aduanera del bloque, al menos hasta que firmara un acuerdo comercial con la UE.

Las dos partes saben que esos acuerdos tardan años en negociarse (Europa demoró siete años en acordar con Canadá y lleva 18 negociando con el Mercosur acuerdos en principio mucho menos ambiciosos), por lo que la pertenencia británica a la unión aduanera sería casi indefinida.

Además, seguir en esa unión aduanera impediría a Londres firmar acuerdos comerciales con terceros países, rompiendo otra de las promesas del brexit.

Descartando esa iniciativa, Bruselas propuso otra que en Londres se siente como un ataque a su soberanía. Se trataría de que mientras el Reino Unido sale de la unión aduanera, el territorio de Irlanda del Norte siguiera en ella y los controles aduaneros se hicieran entre Irlanda del Norte y el resto del territorio británico.

Aduanas, declaraciones de IVA y controles sanitarios dentro de las fronteras de un país.

Una idea que no es nueva (funciona entre las islas Canarias, donde rige un sistema fiscal específico, y el resto del territorio español), pero que Londres rechaza porque lo ve como una anexión de facto de Irlanda del Norte a Irlanda, una posibilidad prevista en los acuerdos de paz que podría materializarse a través de un referéndum.

Mary Lou McDonald, presidenta del Sinn Fein, el único partido político presente a los dos lados de la frontera, ya pidió ese referéndum el pasado febrero y dijo que “el brexit y el Acuerdo del Viernes Santo son incompatibles”.

Bruselas no ve más opciones, y por ello los británicos tendrán que aceptar una de las dos alternativas si no quieren salir de la UE sin acuerdos, destrozando su economía y generando problemas a la mayor parte de sus sectores económicos, y de rebote a la vida de sus ciudadanos.

Levantar de nuevo esa frontera podría poner en peligro los acuerdos de paz que acabaron con el terrorismo

Las últimas conversaciones tratan sobre cómo mantener a Irlanda del Norte en la unión aduanera durante un período que acabaría el día que el Reino Unido firme un acuerdo comercial con la UE, pero esa alternativa no garantiza que cuando se logre ese trato comercial no sea necesario levantar esa frontera física.

Londres empieza a entender que la UE defenderá siempre primero los intereses de uno de sus países (Irlanda en este caso) que los de un país que pronto será un socio próximo, pero no parte del bloque (el Reino Unido).

La cumbre del miércoles pasado dejó las negociaciones en un impase. Bruselas espera que la primera ministra Theresa May ceda. El grado de cesiones que haga será valorado por el negociador europeo, Michel Barnier, que, si lo considera suficiente, podría convocar otra cumbre europea a mediados de noviembre.

Si no hay avances, la ya prevista cumbre de diciembre se dedicaría a preparar el bloque para una ruptura sin acuerdos, que nadie quiere pero que nadie parece saber evitar.

IDAFE MARTÍN PÉREZ
PARA EL TIEMPO
BRUSELAS
En Twitter @IdafeMartin​



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