Las personas adultas siguen sin dormir bien | EL UNIVERSAL




El doctor Hernando Pérez define el sueño como un estado reversible de desvinculación y falta de respuesta al entorno. Este proceso es necesario para restaurar la homeostasis del Sistema Nervioso Central (SNC) y del resto de los tejidos, restablecer los almacenes de energía celular (ATP) y para almacenar y conservar los datos en la memoria.

Hay distintos trastornos que se producen al dormir, y de los más comunes están las disomnias, que abarcan el insomnio y el hiperinsomnio, (serían síntomas) y que según expertos, no constituyen un diagnóstico específico. Para el diagnóstico, se requiere que la persona tenga dificultad para iniciar o conciliar el sueño durante al menos un mes. Otros síntomas para confirmarlo es fatiga diurna, sensación de malestar personal significativo y deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad personal.

Hay tres clases: insomnio de conciliación, insomnio con alteración en la continuidad del sueño (múltiples despertares) e insomnio de despertar prematuro y puede ser agudo (de corta duración) o crónico (de larga duración). Según datos de la Organización Mundial de la Salud se estima que de un 10% a un 15 % de la población adulta padece insomnio crónico.

Hay que recordar que a medida que crecemos las horas de sueño varían. Un recién nacido duerme aproximadamente 18 horas, un adulto joven de 7,5 a 8 horas y un anciano alrededor de 6,5 horas, dice un estudio de los expertos Fernando Sarrais y Pilar de Castro Manglano.

El insomnio casi siempre es desencadenado por ciertos estilos de vida, por ansiedad o por depresión. El sueño es un proceso que requiere de una serie de parámetros o de factores externos para que se pueda desarrollar de manera fisiológica.

Según Medline, las personas con riesgo de padecerlo son aquellas que:

– Tienen mucho estrés.

– Tienen un estilo de vida sedentario.

– Están deprimidos o tienen otros problemas emocionales, como el divorcio o la muerte de un cónyuge.

– Tienen problemas de dinero.

– Trabajan de noche o con cambios frecuentes en su horario de trabajo.

– Viajan largas distancias con cambio de horas-

“Desde lo elemental, resulta lógico entender que para favorecer el proceso de sueño el individuo debería atender los aspectos que son encargados de promoverlo. No obstante, sabemos que hoy en día esto no se cumple; empezando por los niños que muchas veces están despiertos hasta tarde jugando, o acompañando a sus padres. En nuestra sociedad actual hemos adoptado conductas basadas en patrones culturales socialmente aceptables pero que no son necesariamente compatibles con nuestra biología y que pueden alterar negativamente el sueño y nuestra salud”, señala Óscar López de Labfarve.



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