Pacto para acabar con el maltrato a los residentes médicos – Salud




Golpes, gritos, comentarios insultantes, acoso de tipo de laboral y sexual, así como conductas que infringen el derecho laboral, fueron denunciados por decenas de  residentes que se animaron a romper el silencio sobre el maltrato que se vive en la formación médica.

Algunas de esas denuncias fueron publicadas en un artículo que impulsó a muchos otros profesionales en formación a contar sus propias desdichas y las implicaciones en salud mental que han vivido por estos episodios.

A raíz de estos testimonios, que ilustran una pequeña parte de todos los que recibió la Unidad de Salud a través de correo, EL TIEMPO convocó al Ministerio de Salud, las facultades de medicina, voceros de los residentes, de los docentes y de los hospitales, así como Sociedades científicas, para hablar de este problema que apenas ve la luz y de las soluciones para enfrentarlo.

La primera conclusión que arrojó el encuentro, alcanzada de forma temprana, es que el maltrato en la formación médica constituye un problema real y, bajo ningún motivo, se trata de un comportamiento aislado.

Juliana Moreno, presidenta regional de la Asociación Nacional de Internos y Residentes (ANIR), presentó un panorama de los casos que reciben semanalmente sobre abusos en diversas especialidades, a los cuales señaló como una muestra de las falencias estructurales del sistema de residencias médicas.

“El maltrato se volvió la regla y no la excepción. No hay estadísticas reales del alcance nacional de este problema, pero sí estudios cualitativos y cientos de denuncias que lo confirman”, manifestó Moreno.

Y a continuación planteó la necesidad de consolidar cifras que le den una magnitud real al problema a través de la creación, por ejemplo, de un Observatorio Nacional de Maltrato liderado por la propia ANIR y sus regionales, que incluya acompañamiento psicológico y psiquiátrico y garantice seguimiento a todos los casos.

Médicos

Los principales actores del sistema de salud estuvieron hablando en EL TIEMPO sobre el maltrato en la educación médica.

En esa necesidad de cuantificar y cualificar el problema del maltrato coincidieron todos los presentes, al punto que representantes de la Sociedad Colombiana de Anestesiología y Reanimación (SCARE) y de los docentes de la Universidad Nacional se comprometieron a aportar conjuntamente evidencia sólida en esta tarea.

A continuación, César Burgos, presidente de la Asociación Colombiana de Sociedades Científicas, amplió el fenómeno del maltrato a la base de la formación médica y dejó ver que el trato humanizado a los pacientes y a los colegas sigue ausente de las aulas.

A su turno, Julio Castellanos, director del Hospital Universitario San Ignacio, redundó en que, efectivamente, el problema del matoneo a los residentes, por una parte, debe ser abolido de raíz llevando a los maltratadores sistemáticos al Tribunal de Ética Médica y, por otro lado, que no se necesitan más leyes sino seguimiento estricto para evitar estas conductas.

“Hay que buscar espacios físicos de bienestar que reduzcan el maltrato en los hospitales, y algo simple: maltratador pillado, maltratador botado. No podemos tratarnos mal entre colegas”, agregó Castellanos.

En medio de la discusión, varios médicos residentes que asistieron al evento admitieron que desde esa arista también se debe hacer un ejercicio de autocrítica para que la falta de disciplina y el rigor no se escondan tras las denuncias de maltrato y para que los docentes sean protegidos a través de mecanismos de verificación.
Aunque también llamaron la atención sobre la urgencia de reformar los sistemas de calificación, que hoy son exclusivamente apreciativos.

Para rematar la jornada de diálogo, Gustavo Quintero, presidente de la Asociación Colombiana de Facultades de Medicina (Ascofame), que reúne a los 34 programas de posgrados médicos del país, quiso afirmar que si bien el maltrato existe, no es general ni en todas las regiones.

Dicho eso, coincidió en que se debe reunir mayor evidencia y en que el ser maltratador es un problema que supera a la pedagogía y se enclava en la propia dinámica violenta de Colombia. “El problema no está tanto en crear competencias pedagógicas para docentes, sino en el currículo oculto, que es un asunto propio de la cultura del maltrato y la violencia en el país”, aseguró.

Y finalmente, Iván Darío González, viceministro de Salud, dio cierre a la jornada con cuatro conclusiones: hay que seguir hablando del tema para seguir caracterizando el fenómeno, incluido el tema de calidad de la docencia; se debe trabajar en la cultura de la humanización, en valores y respeto, en todos los niveles de la formación; es perentorio desarrollar herramientas para revisar el rol del profesor universitario y promover perfiles idóneos; y finalmente acompañar a los estudiantes con consejerías que vayan más allá de los claustros.

A todos estos consensos los actores presentes denominaron “el pacto por el buen trato en la educación médica”, un compromiso que asumieron y respaldarán desde cada una de sus esquinas y al que este diario le hará seguimiento. 

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